lunes 23 de noviembre de 2009

60. La viuda de Mandelstam contra Ajmátova

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Tras su muerte, Ajmátova fue blanco de inesperadas críticas por parte de su vieja amiga Nadiezhda Mandelstam. En el segundo volumen de sus memorias, Nadiezhda la tachaba de vanidosa y de ser incomparablemente más egoísta que Tsvetáieva. Dos acusaciones que no se había atrevido a hacer en vida de ella, aunque eso no implica que fueran del todo falsas. También Naiman reconocía que Ajmátova era "a veces caprichosa, despótica, e injusta con la gente; otras, se comportaba de manera egoísta y se vanagloriaba de las últimas muestras de arrobamiento de sus lectores. Consciente o inconscientemente, Ajmátova animaba a las personas a verla como una figura excepcional y de mayor altura que ellas".

ELAINE FEINSTEIN, Anna Ajmátova, Circe, Barcelona, 2007, pág. 369
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viernes 20 de noviembre de 2009

59. Borges contra Sábato

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Un bochornoso día de diciembre almorzábamos con Eduardo Falú, después de la grabación que había hecho de la Milonga del muerto. Borges nos habló de su reciente visita a los Estados Unidos y de una experiencia maravillosa que había tenido en California: un viaje en globo. "En un avión -explicó Borges- uno no tiene la sensación de volar. Los trayectos aéreos lindan con el tedio; no se sienten el mar ni las montañas. El globo, en cambio, nos depara la verdadera convicción del vuelo."

El maestro Falú, asombrado por la predisposición de Borges hacia la aventura, lo interrumpió para exclamar:

-¡Qué maravilla, Borges, es increíble que con más de ochenta años usted se anime a esas cosas! ¡Sábato seguramente no lo haría!
-Depende -contestó Borges-, si invitan fotógrafos, tal vez sí.

ROBERTO ALIFANO, Borges: Biografía verbal, Plaza&Janés, Barcelona, 1988, págs. 203 y 204
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miércoles 18 de noviembre de 2009

58. Umbral contra Baroja

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Sobre la natural torpidez de su sintaxis, Baroja acumula un descuido que quizá sea desesperación, dejar el idioma "por imposible".

Baroja lo que tiene es mucha pinta de escritor. Baroja es un personaje de Baroja, y a partir de aquí podríamos decir que, a la inversa, todos los personajes de sus novelas son él mismo, o al menos hablan y visten como él. No se comprende bien la difusión y respeto de un escritor tan poco dotado. (Aunque ese respeto va decreciendo mucho últimamente y es ya una laguna de olvido).

Como lo de los Baroja y el idioma es una cosa de familia, el sobrino Julio Caro, al conocer mis críticas literarias a don Pío, no me respondía con razonamientos o con el elegante silencio, sino con insultos. El insulto no es malo por insulto, sino porque está al final del idioma, es el cascote que se utiliza cuando uno se ha quedado sin palabras o nunca las tuvo.

FRANCISCO UMBRAL, Las palabras de la tribu, Planeta, 1994, Barcelona, págs. 47 y 48
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martes 17 de noviembre de 2009

57. Dalí contra Breton

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Nadie podía sustraerse a la prueba de escuchar a Breton perorar ante su corte, hinchado como un grueso pavo. Esas reuniones le permitían, en primer lugar, dominar por entero a sus huestes. Mantenía su autoridad matando en germen la menor veleidad de contradicción e ironizando sobre los ausentes, que siempre estaban equivocados, y en casa de los surrealistas mucho más. El mandarín-curaçao mantenía la moral de los surrealistas mientras Breton leía el periódico en voz alta o condenaba a unos locos desgraciados cuyos nombres nadie conocía, pero que habían cometido la torpeza de no gustarle, en vagos artículos, en unas obrillas e incluso por medio de chismes. El acostarse con alguien era cosa que juzgaba con toda severidad. Uno se creía ante un tribunal de la Inquisición trasladado al Café du Commerce. Yo me aburría mortalmente; sólo me divertía, algunas veces, con los amagos dialécticos entre Breton y Aragon, pues ya se percibía una tensión que rebasaba la ironía.

SALVADOR DALÍ Y ANDRÉ PARINAUD, Confesiones inconfesables, Bruguera, Barcelona, 1975, pág. 121
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lunes 16 de noviembre de 2009

56. Vargas Llosa contra Neruda

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Tengo a la poesía de Neruda por la más rica y liberadora que se ha escrito en castellano en este siglo, una poesía tan vasta como es la pintura de Picasso, un firmamento en el que hay misterio, maravilla, simplicidad y complejidad extremas, realismo y surrealismo, lírica y épica, intuición y razón y una sabiduría artesanal tan grande como capacidad de invención. ¿Cómo pudo ser, la misma persona que revolucionó de este modo la poesía de la lengua, el disciplinado militante que escribió poemas en loor de Stalin y a quien todos los crímenes del estalinismo -las purgas, los campos, los juicios fraguados, las matanzas, la esclerosis del marxismo- no produjeron la menor turbación ética, ninguno de los conflictos y dilemas en que sumieron a tantos artistas? Toda la dimensión política de la obra de Neruda se resiente del mismo esquematismo conformista de su militancia. No hubo en él duplicidad moral: su visión del mundo, como político y como escritor (cuando escribía de política) era maniquea y dogmática. Gracias a Neruda incontables latinoamericanos descubrimos la poesía; gracias á él -su influencia fue gigantesca- innumerables jóvenes llegaron a creer que la manera más digna de combatir las iniquidades del imperialismo y de la reacción, era oponiéndoles la ortodoxia estalinista.

MARIO VARGAS LLOSA, Contra viento y marea (II), Seix Barral, Barcelona, 1986, págs. 409-410
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domingo 15 de noviembre de 2009

55. Elena Garro contra Octavio Paz

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La vida y la obra de Elena Garro (1916-1998) encarnan la leyenda más asombrosa y problemática del tiempo literario mexicano. Casada en 1937 con Octavio Paz, con quien vivió un turbulento matrimonio que terminó legalmente en 1959, Garro desarrolló una relación paradójica con las luces y las sombras del poeta. Paz es la amenazante hipóstasis del mundo para Garro. Por un lado, sus cuentos y novelas dependen de una fantástica persecución encabezada por su ex marido; por el otro, sin el apoyo material de Paz, que se extendió hasta el final de sus días, la difícil vida de Garro y de su hija Helena Paz habría sido, si cabe, aún más desdichada. En una entrevista concedida en los últimos años de su vida, Garro ratificó la vigencia de su vastísima querella existencial: “Yo vivo contra él, estudié contra él, hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él y defendí a los indios contra él. Escribí de política contra él, en fin, todo, todo, todo lo que soy es contra él. […] en la vida no tienes más que un enemigo y con eso basta. Y mi enemigo es Paz.”

CHRISTOPHER DOMÍNGUEZ MICHAEL, El asesinato de Elena Garro, de Patricia Rosas Lopategui, Letras Libres, Octubre de 2006
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viernes 13 de noviembre de 2009

54. Tom Wolfe contra Irving, Mailer y Updike

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John Irving es un escritor con talento. Norman Mailer es un escritor con talento. John Updike es un escritor con talento. Lo único que digo es que han echado a perder su carrera profesional al no involucrarse en la vida que los rodea, al volver la espalda al rico material de un país sorprendente en un momento fabuloso de su historia. En lugar de salir al mundo, en lugar de zambullirse (como yo) en el irresistible carnaval de la vida estadounidense actual, en el aquí y el ahora, en lugar de echar a andar con un grito de guerra dionisíaco, como habría dicho Nietzsche, y sumarse a la bulliciosa y chabacana verbena, plagada de lujuria, que vibra a su alrededor con el estentóreo sonido de un tambor amplificado con un altavoz de ocho canales, los viejos leones se replegaron, se escondieron, protegiéndose los ojos de la luz, y se refugiaron en temas como el pequeño hueco donde habitan -léase "el mundo literario"- o asuntos tan esotéricos como los presuntos pensamientos de Jesús.

TOM WOLFE, El periodismo canalla y otros artículos, Ediciones B, Barcelona, 2001, pág. 216
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jueves 12 de noviembre de 2009

53. Cabrera Infante contra Carpentier y Nicolás Guillén

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Algún día se verá que a Nicolás Guillén le hizo un daño irreparable hacerse comunista. Hasta entonces había sido un poeta de "vuelo popular". A partir de entonces fue un escritor al servicio del Partido Socialista Popular. Carpentier en sus últimos años, no sólo era un funcionario acomodaticio (vicepresidente de la Unión de Escritores, director de la Imprenta Nacional, consejero cultural en París) del gobierno castrista, sino que en sus últimas novelas se hizo un oportunista literario.

GUILLERMO CABRERA INFANTE, "Lo peor del dragón está en la cola", entrevista de Jesús Hernández Cuéllar para la revista CONTACTO MAGAZINE, 27 de octubre de 2001
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miércoles 11 de noviembre de 2009

52. Zoé Valdés contra Gopegui

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A Belén Gopegui le publican en El País y en El Mundo, los dos diarios más sobresalientes de España, la mayoría de los medios dedica espacios a su novela, los periódicos castristas se desviven por entrevistarla. Si en España dominara Castro, la novelista ni siquiera podría soñar con tales proezas, que ya quisieran muchos escritores, no sólo cubanos, también españoles. Con sólo soñar, Belén Gopegui estaría encerrada en una húmeda celda de castigo, conviviendo con ratas, padeciendo una grave afección pulmonar, sin médicos, sin medicinas. ¿Cree que también esto merecen los presos cubanos? Desde luego, seguramente, Gopegui apoyó y apoya los fusilamientos masivos que han seguido ocurriendo en Cuba desde el año 1959 y cómo no, apoyará, como apoyó Silvio Rodríguez, las ejecuciones de tres jóvenes negros hace más de un año, en 48 horas, sin juicio, las madres y familiares de estos jóvenes se enteraron cuando ya eran cadáveres. Ni siquiera pudieron ver los cadáveres, sólo porque intentaron escapar de su país, máxima aspiración del hombre nuevo cubano.

(...) Será la última vez que haga referencia a un artículo de Gopegui. No me gustan ni ella ni su novela. Y tampoco me gustan los colaboracionistas del fascismo, del franquismo, del pinochetismo y de todas las dictaduras. Podría recomendarle un título: Quitarnos las máscaras o El lado frío de la celda.

ZOÉ VALDÉS, El lado frío de la celda, El Mundo, 1 de diciembre de 2004
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martes 10 de noviembre de 2009

51. Bolaño contra Cela y Umbral

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(...) 4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo y a Monterroso. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y Umbral. 5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura. (...)

ROBERTO BOLAÑO, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2004, págs. 324-325
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sábado 7 de noviembre de 2009

50. González-Ruano contra Lorca

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A mí, Federico García Lorca no me acabó de ser nunca simpático como le fue a casi todo el mundo. Era como un chico de pueblo ordinario que se hubiera puesto un lazo de seda en el pelo y sentado frente a un piano a hacer gracias.

Federico era feo, agitanado y con cara ancha de palurdo. Vestía cursimente y presumía de ser gracioso, espiritual y mariquita del Sur. Sus versos ya eran naturalmente algo y quizá mucho, aunque sin embargo con ese cursileo histérico lleno de ayes, de limoneros, de fascinación por los hombres morenos y de incursiones en lo folclórico. A mí me pareció siempre un zangolotino para estudiantes de la F.U.E., aunque nunca negué su talento, y ahí están mis opiniones críticas a la vista de todos.

Estas cosas creo que son casi siempre recíprocas. Tres o cuatro veces intentamos, tan sin ningún entusiasmo, una relativa amistad que aquello quedó en nada. Nunca nos llamamos de tú, y un día que, coincidiendo con algunos amigos comunes, se habló de ir a casa de no sé quién para oír unas canciones al piano y que yo dije que no podía acompañarles, recuerdo que él, quizá creyéndolo una desconsideración, me dijo destempladamente y sin que viniera a cuento:

-Usted tendrá citada una de esas Mata-Haris que meriendan bocadillos de jamón...
-¡Hombre, Federico!... ¡Es que usted sólo conoce marineros que meriendan nardos!

CÉSAR GONZÁLEZ-RUANO, Mi medio siglo se confiesa a medias, recogido por LAURA FREIXAS, Retratos literarios, Espasa, Madrid, 1997, págs. 191-192
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martes 3 de noviembre de 2009

49. Buñuel y Dalí contra Juan Ramón Jiménez

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Nuestro distinguido amigo:

Nos creemos en el deber de decirle -sí, desinteresadamente- que su obra nos repugna profundamente por inmoral, por histérica, por arbitraria.

Especialmente: ¡¡MERDE!! para su Platero y yo, para su fácil y malintencionado Platero y yo, el burro menos burro, el burro más odioso con el que nos hemos tropezado.

.....¡MIERDA!..................................Luis Buñuel
.....Sinceramente............................Salvador Dalí

Carta de LUIS BUÑUEL y SALVADOR DALÍ a JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, en Antología de la poesía surrealista, prólogo de Ángel Pariente, Júcar, Barcelona, 1985, pág. 29
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48. Voltaire y Moratín contra Shakespeare

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Cuando en el último cuarto del siglo XVIII comenzaron a popularizarse en Francia las traducciones de las obras de Shakespeare, un indignado Voltaire arremetió airadamente contra su artífice por haber tildado al autor de Hamlet como "Dios del teatro". Por paradójico que pueda parecer, Voltaire había sido el primero en traducir al francés los textos del dramaturgo inglés –"Yo fui el primero que mostró a los franceses algunas perlas que había en su enorme estercolero", afirmaba el escritor galo con contundencia-.

Curiosamente, en aquellos mismos años, también el primer español que traducía a Shakespeare utilizando directamente los textos originales ingleses, abominaba del dramaturgo y se preguntaba cómo una nación tan culta como Inglaterra podía admirar a un autor de tan mal gusto, cuyas obras conforman "un todo extraordinario y monstruoso". Se trataba de Leandro Fernández de Moratín, el creador de El sí de las niñas.

La doble anécdota es recogida por Ángel-Luis Pujante en la introducción al libro Shakespeare en España. Textos 1764- 1916, editado por él y por Laura Campillo, y que acaba de aparecer en un volumen publicado por EDITUM de la Universidad de Murcia y el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada.

PASCUAL VERA, Calidoscópico retrato de Shakespeare, en Campus Digital, Universidad de Murcia, 15 de octubre de 2007
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domingo 1 de noviembre de 2009

47. Sarduy contra los autores del "boom" latinoamericano

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He querido en mis notas críticas ahuecar, perforar, o al menos resquebrajar el farallón constituido por los novelistas que me precedieron, los cuales habían creado una especie de institución oficial, estatal casi, totalmente despótica y que funcionaba a través de citas, elogios mutuos, sin el menor pudor, premios oficiales y, sobre todo exclusiones, es decir, "censura". Inquisitoriales, exclusivistas como un club de burgueses en un país reaccionario, estos autores habían constituido una "listita" inevitable que no olvidaba un solo profesor de literatura ni una sola joven cultivada y "en mal d'esthétique" y de telurismo sudamericano. El sistema de "censura" al cual, sin ir más lejos, mis propios libros precedentes fueron sometidos, de parte de esos autores, era impenetrable. En ninguna de sus críticas, ni en sus entrevistas, ni en ninguno de los libros que con títulos tan aparatosos como tontos trataban de la nueva novela en América Latina, mi nombre apareció jamás, ni el mío ni el de autores jóvenes que han aportado realmente algo... Pero vamos por partes, pues no quiero caer yo, a mi vez, en el sectarismo: no niego la evidente calidad de algunos de sus libros; impugno el carácter improvisado y extraliterario de sus juicios críticos, la falta de vigor para pensar la escritura y su relación con un contexto dado, lo polvoso y trasnochado de sus criterios, el "impresionismo" crítico que practican. Todo en ellos es subjetivo, "idealista", desprovisto de método y de seriedad.

SEVERO SARDUY, entrevistado por Jean-Michel Fossey para Galaxia latinoamericana, Inventarios provisionales, Las Palmas de Gran Canaria, 1973, págs. 246 y 247
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jueves 29 de octubre de 2009

46. Arturo Cambours contra Lorca

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Neruda menciona en sus memorias que tanto él como Lorca tenían sus detractores en Buenos Aires, si bien no facilita nombres. Uno de ellos era el escritor Arturo Cambours Ocampo, que más adelante manifestaría la gran decepción que le había suscitado el famoso autor del Romancero Gitano y de Bodas de sangre, obras que admiraba. Aquel día Lorca había hablado de sí mismo sin parar, como si la poesía española empezara y se acabara con él, y el teatro español también; y decía que Yerma (aún sin terminar) significaba el redescubrimiento de la tragedia griega. "No habíamos visto nunca tanta pedantería y soberbia; tanta inmodestia y vanidad juntas -escribe Cambours-. Estábamos frente a un estúpido engreído; frente a un gordito petulante y charlatán".

IAN GIBSON, Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca (II), Ediciones Folio, Barcelona, 2003, pág. 472
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miércoles 28 de octubre de 2009

45. Baroja contra Blasco Ibáñez

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Blasco Ibáñez era un Tartarín valenciano. Yo, antes de conocerle, creía que era un tipo moreno, seco, con aire de pirata berberisco y una voz tonante; pero no había tal; era un medio rubio, gordo, con una voz casi atiplada. Creo que en él todo era aparato. Mucha apariencia y poca consistencia, como dicen los italianos. Alguna gente creía que él, como hombre, valía más que como novelista; pero no había tal. Como novelista valía mucho más que como hombre.

PÍO BAROJA, Desde la última vuelta del camino, Tusquets, Barcelona, 2006, pág. 748 y 749
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lunes 26 de octubre de 2009

44. Neruda y Alberti contra Huidobro

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Elvira fue quien me presentó a Vicente Huidobro, gran poeta, sí, pero de una inmensa vanidad, rayana casi en lo grotesco. Cuando en el año 1937 vino a España para el Congreso de Escritores por la Paz, quiso en Madrid visitar algún frente, Pablo Neruda y yo inventamos esta copla, que se le hizo llegar, diciéndole que los soldados la cantaban con alborozo en las trincheras:

Ya llegó nuestro Vicente,
ganaremos la batalla,
que es el hombre más valiente
por donde quiera que vaya.

RAFAEL ALBERTI, La arboleda perdida (Segunda parte), Seix Barral, 1987, págs. 15 y 16
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sábado 24 de octubre de 2009

43. Efrainistas contra octavianos

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Los poetas de mi generación se habían alineado en bandos antagónicos preexistentes. Uno admiraba al poeta popular, Efraín Huerta -famoso por sus "poemínimos", cargados de humor, desparpajo y frescura-, y el segundo a los de la revista Plural que dirigía Octavio Paz -el futuro Premio Nobel, intelectual y cosmopolita- y que editaba un grupo formidable de escritores -García Ponce, Elizondo, De la Colina y el también poeta Tomás Segovia.

Los exquisitos frente a los callejeros, aunque ninguno de los dos bandos era rigurosamente lo dicho. Octavio Paz y Efraín Huerta descienden de la misma tradición literaria mexicana. Los dos nacieron en 1914, son de la misma generación que Rulfo. De jóvenes, Paz y Huerta editaron juntos a fines de los treinta una revista, Taller. Con los años se distanciaron. Habían nacido en ellos diferencias estéticas, pero sobre todo políticas. Octavio Paz había pinyado su raya con el estalinismo y más tarde con la Revolución cubana. Efraín, no. Los del bando de Paz llamaban a los efrainitas estalinistas. Los efrainitas llamaban a los octavianos reaccionarios. Ninguno de los apelativos era del todo preciso. Había más en sus desafectos y afinidades, y también había menos.

Los jóvenes poetas efrainitas recorrían las calles a pie o en bus, eran iconoclastas, asistían a talleres, leían, escudriñaban y robaban libros de las librerías, usaban morral, cabello largo, huaraches de suela de llanta, publicaban aquí o allá y pasaban horas en los cafés de mala muerte. Los jóvenes poetas octavianos se criticaban ferozmente los poemas los unos a los otros en mesas de café vecinas a las de los efrainitas, compraban o robaban libros en las librerías, usaban morral y cabello largo y casi siempre huaraches, recorrían las calles de la ciudad a pie o en bus o en sus coches, publicaban en los suplementos y revistas octavianos.

CARMEN BOULLOSA, El agitador y las fiestas, en BOLAÑO SALVAJE, edición de Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón Patriau, Candaya, Badalona, 2008, págs. 418 y 419
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viernes 23 de octubre de 2009

42. Papini contra Manzoni

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Cuando me llegó el turno, presenté una diatriba de más de cien páginas en que arremetía violentamente contra Los novios, de Manzoni, mediante ingeniosos sofismas. Odiaba esta obra desde que en clase me había tocado durante un año entero analizar literaria y gramaticalmente las mediocres desgracias de Renzo Tramaglino y de Lucía Mondella. Aquella lugareña sin pasión; aquel cura adocenado y ruin; aquel fraile siempre dispuesto a sacarse de la bocamanga del hábito la prédica y la bendición; aquel Anónimo que se las da de terrible y luego se deja conmover por los sollozos de una vulgar retrógrada y humillar por la astuta oratoria de un santo, me fastidiaban y me hacían montar en cólera. No apreciaba cuanto hay de arte puro y grande en muchas páginas de esta obra tan famosa; al contrario: el aura de piedad cristiana que emana de su contenido, la conformidad servil a los designios del Señor, el castigo ejemplar de los pecadores, acompañado del triunfo discreto de los humildes y de los desgraciados, me hacían reaccionar con toda la fogosidad de mi espíritu satánico y carducciano.

GIOVANNI PAPINI, Un hombre acabado, Argos Vergara, Barcelona, 1980, págs. 55 y 56
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41. Góngora contra Quevedo

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A DON FRANCISCO DE QUEVEDO

Anacreonte español, no hay quien os tope,
que no diga, con mucha cortesía,
que ya que vuestros pies son de elegía,
que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,
que al de Belerofonte cada día
sobre zuecos de cómica poesía
se calza espuelas y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
dicen que quieren traducir al griego,
no habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
por que a luz saque ciertos versos flojos,
y entenderéis cualquier greguesco luego.

LUIS DE GÓNGORA, Biblioteca virtual de la Junta de Andalucía
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