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Los poetas de mi generación se habían alineado en bandos antagónicos preexistentes. Uno admiraba al poeta popular, Efraín Huerta -famoso por sus "poemínimos", cargados de humor, desparpajo y frescura-, y el segundo a los de la revista
Plural que dirigía Octavio Paz -el futuro Premio Nobel, intelectual y cosmopolita- y que editaba un grupo formidable de escritores -García Ponce, Elizondo, De la Colina y el también poeta Tomás Segovia.
Los exquisitos frente a los callejeros, aunque ninguno de los dos bandos era rigurosamente lo dicho. Octavio Paz y Efraín Huerta descienden de la misma tradición literaria mexicana. Los dos nacieron en 1914, son de la misma generación que Rulfo. De jóvenes, Paz y Huerta editaron juntos a fines de los treinta una revista,
Taller. Con los años se distanciaron. Habían nacido en ellos diferencias estéticas, pero sobre todo políticas. Octavio Paz había pinyado su raya con el estalinismo y más tarde con la Revolución cubana. Efraín, no. Los del bando de Paz llamaban a los efrainitas estalinistas. Los efrainitas llamaban a los octavianos reaccionarios. Ninguno de los apelativos era del todo preciso. Había más en sus desafectos y afinidades, y también había menos.
Los jóvenes poetas efrainitas recorrían las calles a pie o en bus, eran iconoclastas, asistían a talleres, leían, escudriñaban y robaban libros de las librerías, usaban morral, cabello largo, huaraches de suela de llanta, publicaban aquí o allá y pasaban horas en los cafés de mala muerte. Los jóvenes poetas octavianos se criticaban ferozmente los poemas los unos a los otros en mesas de café vecinas a las de los efrainitas, compraban o robaban libros en las librerías, usaban morral y cabello largo y casi siempre huaraches, recorrían las calles de la ciudad a pie o en bus o en sus coches, publicaban en los suplementos y revistas octavianos.
CARMEN BOULLOSA, El agitador y las fiestas, en BOLAÑO SALVAJE, edición de Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón Patriau, Candaya, Badalona, 2008, págs. 418 y 419.